domingo, 24 de marzo de 2013
sábado, 2 de marzo de 2013
Antes que la Psicología y la Filosofía, en dos textos poéticos se propone con toda claridad, hacia el último cuarto del siglo XIX, la cuestión de la crisis o ruptura del Yo, o del Sujeto Humano.
martes, 13 de marzo de 2012
PREJUICIOS QUE SUBYACEN AL USO DE LA EXPRESIÓN “TODOS Y TODAS”.
PRIMER PREJUICIO
Las diferencias en el género gramatical reflejan diferencias en el género social o diferencias de sexo.
El género en español es, en la inmensa mayoría de los casos, un mero clasificador gramatical, sin ninguna interpretación semántica. Así, nada en el sentido de la palabra, indica que “nariz” ha de ser femenino y “auto” masculino. La mejor prueba es que en otras lenguas con género gramatical suele ser diferente. Asimismo, el género de muchas palabras fluctúa dentro de una misma lengua (el sartén/la sartén) o ha cambiado en el curso del tiempo.
La flexión de género en español sólo se corresponde con una interpretación cuando hablamos de seres animados, sexuados, y sólo cuando la distinción es de interés social. Distinguimos entre perro/perra, pero no en serpiente, hormiga, comadreja, sapo, etc. El número de sustantivos del español que presentan flexión de género en nuestra lengua es ínfimo en comparación con los que no lo hacen.
Esta autonomía de las formas gramaticales, generalmente motivadas en su origen, pero sólo en su origen, es una propiedad general de las lenguas y no ocurre sólo con el fenómeno del género.
SEGUNDO PREJUICIO
Las expresiones genéricas son equivalentes a, y, por tanto, pueden ser reemplazadas por la conjunción de un sustantivo femenino y uno masculino.
El mejor ejemplo que conozco para desmontar este prejuicio nos lo proveyó Javier Marías: Si en vez de “El perro es el mejor amigo del hombre”, decimos “El perro y la perra son los mejores amigo y amiga del hombre y la mujer”, lo que hemos logrado no es evitar el sexismo, sino hacernos totalmente incomprensibles.
De hecho, muchas lenguas tienen un término especial para el significado genérico, diferente del masculino y del femenino. Otra opción, la del español, es tomar uno de los dos términos y otorgarle significado genérico. Puede decirse que haber tomado el masculino para expresar el genérico es sexista. Puede ser; pero es ésta una opción asumida hace muchos siglos, recibida, no creada, por los actuales hablantes, y de la que la mayoría no son conscientes, razón por la cual no hay, necesariamente, discriminación subjetiva de los hablantes en el momento de someterse a ese uso impuesto por la tradición.
Dicho de paso: tampoco un sustantivo genérico es equivalente a un sustantivo colectivo. “El alumno” tiene un alcance más universal que “el alumnado”: el primero no requiere un reconocimiento de referencia; el segundo, en general lo hace. No hay, por lo demás, un colectivo adecuado para cada sustantivo: “profesorado” alude a la carrera mejor que al colectivo de profesores; y ¿cuál es el colectivo para preceptores y preceptoras, para porteros y porteras, para secretarios y secretarias?
Las distinciones de forma lingüística rara vez son ociosas y tienden a corresponderse con diferentes interpretaciones. Eliminar alguna no es sin costo.
TERCER PREJUICIO
Modificar el lenguaje equivale a modificar la realidad.
Es verdad que muchos cambios de la realidad han comenzado por el lenguaje. Pero también es verdad la inversa: a veces el lenguaje no ha hecho sino buscarle, tardíamente, un nombre a cambios que ocurrieron espontáneamente.
Hay por cierto muchas posturas al respecto. El paralelismo, lleno de atracciones y repulsiones, de concordancias y discordancias, entre lenguaje y realidad, también se manifiesta en la cuestión del género: discutimos en el lenguaje una tensión de dos géneros, cuando en la realidad los géneros hoy en día tienden a proliferar.
Respecto del sexismo, por lo demás, se ha comprobado muchas veces que el lenguaje puede adaptarse mucho más rápidamente que los hábitos, y que, no obstante los nuevos usos, la discriminación continúa. Muchas veces, modificar el lenguaje no nos hace más justos, más ecuánimes, más solidarios: sólo nos hace más hipócritas.
martes, 8 de febrero de 2011
sábado, 3 de abril de 2010
Reflexión heterodoxa sobre la Pascua
martes, 26 de mayo de 2009
SOBRE EL PODER DEL ANILLO
Al concluir la lectura del primer tomo de El Señor de los Anillos, me ocupa una pregunta: qué representa el anillo, ese que Frodo ha recibido, legado por Bilbo, terrible herencia, pero, presumiblemente, entregado a él por el Destino, hecho clave en la guerra entre la Luz y la Sombra?
Debería hacer un rastreo filológico de los pasajes en que emerge su sentido, pero es tarea que ahora me excede. No obstante, para apuntar, provisoriamente, que se trata de una cierta clase de fuerza o poder, tal vez baste, por el momento, detenerse en la discusión del concilio de Elrond, en Rivendel, donde Boromir expresa la voluntad de conservar el anillo. Sus palabras son:
"¿Por qué no pensar que el Gran Anillo ha llegado a nuestras manos para servirnos en esta hora de necesidad? Llevando el Anillo los Señores de los Libres podrían derrotar al Enemigo"
La respuesta está a cargo de Elrond:
"La fuerza del Anillo, Boromir, es demasiado grande para que alguien la maneje a voluntad, salvo aquellos que ya tienen un gran poder propio. Pero para ellos encierra un peligro todavía más mortal. Basta desear el Anillo para que el corazón se corrompa."
Igual polémica ha sucedido ya entre Gandalf y Saruman. Este último sostenía: "¿El Anillo Soberano? Si pudiéramos tenerlo el Poder pasaría a nosotros." Y Gandalf, que lo cuenta, comenta que, en tanto, la codicia le brillaba en los ojos...
Hay tal cosa en nuestro mundo?, me pregunto. Un Poder tal que puede independizarse del mismo ser que lo posee?
Pero, antes de pasar a ello, creo que en torno de toda la cuestión actual en torno del Poder, hay un gran equívoco, del que el texto de Tolkien no parece ajeno, un equívoco, como suele ocurrir, suscitado por las palabras...
El primer equívoco es la mayúscula... Usar una mayúscula es casi siempre un medio espurio de enfatizar un concepto.
El segundo equívoco lo aporta el artículo... El artículo hace del poder un algo, una sustancia, una hipóstasis (sustancia e hipóstasis, son, respectivamente, en latín y en griego, en su etimología, semejantes).
Ambos procedimientos, conjuntamente, el de la mayúscula y el del artículo, concurren a modificar el sentido originario de la palabra, que es un verbo, un verbo de los considerados modales, y que Greimas llamaba "competencias"... Un verbo que siempre debe acompañar a otro verbo. Poder es estar en un cierto estado que permite acceder a otro estado o a una acción... Estado o acción que se suponen deseables, sin la cual condición poder parece innecesario... De algún modo, alguien se plantea la cuestión de poder o no poder, cuando, primero, se da querer... ( y en estas frases he esquivado el artículo, que hubiera facilitado la expresión, por no incurrir en nuevos equívocos... Esa cautela sería innecesaria si siempre tuviéramos presente que una cosa es la expresión y otra el sentido...)
Si el poder emana del ser, si es una determinada habilitación para la acción, si depende de la configuración de quienes "pueden" o de su situación, o de su saber, nadie tiene, propiamente, un poder que lo exceda... Si ese poder, por el contrario, nos es regalado, procede de afuera, nos es asignado por un destino o un azar, entonces sí, tal vez, pudiera devenir en maligno...
Malo - lo he sostenido varias veces en esta correspondencia - es, precisamente, la ruptura entre modalidades, o competencias, la ruptura, entre el ser y el parecer, o entre el querer y el poder, o entre el ser y el poder...
Y, por cierto, un poder que nos excede puede ser la fuente de una inmensa maldad... Así caracterizaba un viejo libro a Satán, la fuerza de una acción que nadie controla...
Pero hay tal cosa?
El conocimiento, tal vez?
La tecnología, las armas nucleares son hijas del conocimiento... Podrían ser buenos ejemplos de un poder que puede independizarse de su origen, el mismo ser humano, y volverse contra él? Y no puedo dejar de señalar cómo en la frase anterior, tres veces, debí usar la palabra "poder", cada vez con sentidos algo diferentes...
Será el conocimiento mismo algo que pueda escaparse de nuestras manos y volverse contra nosotros?
Sea como sea, parecen abrirse dos caminos: o intentar que ese poder, sea cual fuere, no escape de la órbita de dominio del ser humano; o desligarse de él y volver a la paz de los días inocentes...
La historia del anillo, el programa narrativo del libro, de sus tres tomos, elige el segundo: consiste en deshacerse de ese objeto desmedido, abrumador, que no debe caer en manos del Enemigo, pero que tampoco puede conservarse... Y hay, para ello, - parece - una sola manera: destruirlo...
Será realmente imposible mantenerlo en el ámbito de nuestro querer, de nuestro ser...? La disyunción entre ser, querer, poder, es ineluctable? El mal es inesquivable si no lo destruimos?
La parábola evangélica del trigo y la cizaña no va en este sentido... Lo bueno y lo malo se parecen demasiado... Y no vaya a ser que por extirpar lo malo, matemos al mismo tiempo lo bueno...
En el libro de Tolkien, Bien y Mal ( y ahí parece necesario, casi inevitable poner mayúsculas ), se distinguen netamente.
¿Será así?
No sé...
Me ronda la tentación de Boromir y Saruman...
sábado, 11 de abril de 2009
De Nietzche. LA GENEALOGÍA DE LA MORAL
Nietzche denuncia tres errores o ilusiones encadenadas. La primera es el origen de la cadena y las otras dos se siguen de ella.
1. Primer error, del lenguaje mismo: La separación sujeto/predicado no expresa bien la acción, los acontecimientos. Lo único real es el acontecimiento.
2. Segundo error, consecuencia del primero: si el sujeto es separable de su acción, el sujeto es libre, ya que podría no hacer lo que hace.
3. Tercer error, que se sigue de lo anterior: si el sujeto es libre, su acción es ética y puede ser reprochable moralmente .
